¿Por qué un operador jurídico debería escribir?

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Por Felipe de J. García

En la vida del ser humano, el uso de la escritura parece ser, casi, una práctica irreflexiva que se da por sentada. El escribir es una forma básica de comunicación, igual de relevante que el uso del habla. Actualmente, es casi imposible encontrar a un operador jurídico que no se vea en la necesidad de utilizar la escritura en su cotidianidad, convirtiéndose esta, a veces inclusive en un vicio a la celeridad de los diferentes procedimientos jurídicos.[1] Lo que en general sí es recurrente en la disciplina jurídica, es el abandono de la escritura con fines de divulgación científica, ya sea en revistas especializadas, libros, blogs, entre otros. Si llegásemos a comparar al número de estudiantes de licenciatura en Derecho en México, y entre estos, al número de postulantes que publican sus ideas en forma escrita posterior a su titulación (además de sus trabajos para optar por grado académico o para alguna asignatura de posgrado), la proporción podría ser alarmante. Para lo anterior, bastaría con realizar una búsqueda de contenido especializado en la disciplina, escrito por autores que radican en el norte del país.

La escritura no es un fin en sí mismo, sino un medio por el cual se reviste a una idea de su forma más tangible. Escribir, para un operador jurídico debería conllevar, para el que lo hace, un riguroso proceso mental de reflexión e introspección, con fines de refutar las estructuras intelectuales, allegándose a diferentes fuentes para contrastar las diferentes posturas entre las que oscila, para así, por último, emitir las conclusiones de su proceso. Percibo que el jurista mexicano posiblemente no aspira a publicar con fines de divulgación científica por un déficit se puede originar desde la formación académica, al omitirse el enseñar a los estudiantes a no escribir sobre un determinado tema sin una debida estructura mental para expresar una idea, cayendo así en una reproducción redundante de ideas e inutilizables descripciones que más bien saturan el campo.

Existe la percepción de que la investigación y la publicación de ideas le atañen exclusivamente a los académicos, inhibiendo el entusiasmo en el operador por escribir sobre sus descubrimientos en la práctica. Si este es invitado a hacerlo, tiende a redundar en ideas prexistentes y a no aportar a la disciplina, por no tener una debida estructura intelectual, esto es: la lectura minuciosa, el constante cuestionamiento con aras de introspección reflexiva, el auto debate y el ordenamiento de ideas para eventualmente concretarlas en forma escrita y publicarlas por algún medio.

Debemos entender que la escritura para un operador jurídico se convierte en un medio trascendente, tangible y fundamental para plasmar sus percepciones, procesos de pensamiento y conclusiones en torno a un tema jurídico, y así generar conocimiento. El jurista debe vincular a la escritura con fines de divulgación científica, con un sentido de responsabilidad con la oferta de ideas que permanecen disponibles para su futuro escrutinio, así como una aportación a la disciplina, desde luego con un uso práctico para el espacio y tiempo en los que se inserta. El operador jurídico debe considerar los beneficios del ejercicio intelectual que conlleva el escribir, así como la posibilidad de participar en el proceso de otros al ser leído. Esto era lo que entendían los vencidos, al observar que, si no plasmaban sus enseñanzas, crónicas, descubrimientos y técnicas, estas serían olvidadas en la historia, sin posibilidad de ser reproducidas por los suyos y admiradas por los contemporáneos.


Felipe de J. García es estudiante de sexto semestre de la FLDM.

Aviso: En el presente espacio de diálogo y encuentro jurídico, las opiniones expresadas por cada autor son exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, no representando de forma alguna el criterio de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey o de alguno de sus Centros Institucionales.

[1] Véase las críticas que derivaron en una crisis de legitimidad del antiguo sistema penal en el que, (entre sus vicios), predominaba la escritura.

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