¿Navegando a la deriva?

Por Josafath Salazar Orozco 

 

Jean-Louis Théodore Géricault - La Balsa de la Medusa.jpg

En Julio de 1816 la fragata francesa Méduse yace en las costas septentrionales de lo que hoy se conoce como el país de Mauritania. 400 pasajeros, incluyendo alrededor de 150 tripulantes, se encuentran varados en la Bahía de Arguin después de que su embarcación encalló en un banco arrecifes en ruta a la colonia de Senegal.

Tras varios días de intentos infructuosos por aligerar la carga y liberar a la Méduse, los navegantes comenzaron a ponerse nerviosos, desesperándose por su situación. Decidieron en vez, usar los pocos botes de rescate con los que contaban y construir también una pequeña balsa para intentar llegar a la costa, a más de 50 kilómetros de ahí.

Como suele pasar, los lugares a bordo de los botes eran insuficientes y por ello, al menos 146 hombres y una mujer tuvieron que auxiliarse sobre la endeble balsa que ya tenía la mayoría de su cubierta sumergida por la gran carga. La idea en principio fue remolcar la balsa con los botes y algunas sogas. Pero eventualmente—por miedo de que éstos se amotinaran—se decidió cortar los amarres, entregando a su suerte a la balsa y a su tripulación.

Reminiscente de algún círculo danteano, las más de 100 personas pasaron días montadas sobre aquél inestable conjunto de maderos bajo el calor veraniego de las costas africanas.

Menos de dos semanas después—al ser rescatados—quedaban solamente 15 sobrevivientes restantes en la barca. Ante la escasez de recursos, la mayoría de ellos fueron asesinados por sus propios compañeros, tragados por las olas del mar, abrasados por el sol o muertos por la falta de comida y agua. Inclusive se dice que algunos recurrieron a prácticas caníbales.

La culpa por tal desdicha se le atribuye al capitán de la fragata, el vizconde Hugues Duroy deChaumereys, quien a pesar de carecer experiencia naval, recibió el cargo por razones políticas.

La incompetencia naval de deChaumereys provocó la muerte de casi 150 personas, siendo absuelto poco después por la corte marcial.

En el panorama político y social actual, pienso que la mayoría de la gente se siente dentro de una situación similar a la de la tripulación de la Méduse: navegando a la deriva, con pocos recursos, abandonados de todo liderazgo y esperanza de ser rescatados.

No sería difícil apuntar hacia tantos deChaumereys que en algún momento u otro saltaron de la borda dejando atrás una nave atascada y a una tripulación sin salida. Muchos seguramente arribaron a su posición por razones similares al vizconde, sin embargo surge la duda frente a los que fueron elegidos para ello.

Respecto del tema, no sería el primero en formular este tipo de analogía. Ponderando las características de aquél quien debiese gobernar el Estado, Sócrates comparaba la dirección de una nave con la de su propia república.

El filósofo se imaginaba a un grupo de marineros sin el menor conocimiento naval, sólo buscando disputarse el timón entre sí con el fin de arrojarse sobre las provisiones. Concluyó que éstos considerarían inútil al conocedor de los astros, vientos y todo lo relativo a navegar, mientras que coronarían como hábil capitán a cualquiera que les brindara comida y bebida.

La comparación parecería un tanto burda sin considerar las reservas—bien justificadas en retrospectiva—de Sócrates frente al sistema representativo y los peligros que conlleva otorgarle a un electorado el timón del Estado. Sin embargo su punto es que si bien, se requieren ciertas aptitudes y cualidades para gobernar, en consecuencias es necesario también un especial discernimiento por parte de los ciudadanos para elegir a esas personas capacitadas.

Las ideas del filósofo no parten de una postura simplemente elitista, sino que surgen del miedo a que la demagogia se apropie de su Estado, una idea que hoy en día ya no nos es extraña. Su diálogo parte sobre la idea del voto razonado e informado, considerando la manera en la que se puede explotar fácilmente a una mayoría que sólo busca soluciones rápidas y sencillas.

Lo anterior pudiese explicar la relación entre un país con una de las peores evaluaciones en la prueba PISA[1]; una población que apenas alcanza un 51% en las expectativas para cursar el bachillerato; 23% para un título de licenciatura[2], y un gobierno que en 2015 obtuvo la Cámara de Diputados con el nivel educativo más bajo en décadas[3]. Todo ello sin considerar los sobrados escándalos presidenciales respecto de sus aptitudes académicas.

Parece ser que en esta materia, de Maistre tenía razón al decir que cada nación recibe al gobierno que se merece y por tal motivo la necesidad de tener un buen sistema educativo trasciende de ser un mero discurso político. Por eso resulta lamentable la noción actual de una educación universitaria no como un fin en sí mismo, sino como un obstáculo más que hay que completar para llegar al éxito. De tal concepción es de la que surgen aquellos que condenan a la educación como un “sistema retrograda” a través del Facebook, al igual que aquellos que trafican sus calificaciones a través de redes estudiantiles.

Podría ser que por eso, en vez de guardianes tenemos Duartes y en vez de filósofos tenemos demagogos. Porque al igual que un capitán no le ruega a su tripulación por el mando, y el doctor no le ruega al enfermo por una consulta, tampoco vendrá el gobierno justo y honesto a rogar para que lo elijan, sino que la búsqueda por él tendrá que surgir desde adentro. De no hacerlo, nos quedaremos nuevamente varados en una pequeña balsa, a la merced de las corrientes y del perpetuo naufragio mientras vemos a nuestros propios deChaumereys navegar hacia el horizonte.

Josafath Salazar Orozco es estudiante de 4º semestre de la FLDM. 

Aviso: En el presente espacio de diálogo y encuentro jurídico, las opiniones expresadas por cada autor son exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, no representando de forma alguna el criterio de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey o de alguno de sus Centros Institucionales.

[1] https://www.compareyourcountry.org/pisa/country/MEX

[2]http://gpseducation.oecd.org/CountryProfile?plotter=h5&primaryCountry=MEX&treshold=10&topic=EO

[3]http://www.eluniversal.com.mx/articulo/periodismo-de-investigacion/2015/09/29/cae-nivel-educativo-en-camara-de-diputados

Pintura de Jean-Louis Théodore Géricault – La Balsa de la Medusa (Museo del Louvre, 1818-19)

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