¿Cómo nace una democracia? La aportación teórica de Dankwart A. Rustow    

  Por: Armando Neávez Garza

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La intención de escribir y publicar el presente escrito se debe a mi estancia este verano en El Colegio de México, en donde tuve la oportunidad, o más bien, fortuna, de incursionar en disciplinas distintas al Derecho. Mi reacción fue de tal magnitud, que, hoy decido compartir un poco de las muchas cosas que aprendí en dicha Institución. En particular, mi interés por el estudio de las transiciones a la democracia—que es el tema al que me refiero en las siguientes líneas—tiene su origen en el curso impartido por Reynaldo Yunuen Ortega Ortiz, “Procesos de Democratización en Perspectiva Comparada”.

La principal aportación de Dankwart A. Rustow[1], en su artículo “Transitions to Democracy: Toward a Dynamic Model”[2], fue abrir el análisis teórico moderno sobre transiciones a la democracia, o más específicamente—como precisa Lisa Anderson—“abrir el espacio conceptual para considerar las transiciones democráticas de forma independiente a la democracia”[3].

Para comprender la relevancia de la aportación de Rustow, resulta importante hacer notar que su artículo fue publicado en 1970, en medio de la Guerra Fría, en un contexto de pocos ejemplos empíricos de Estados democráticos modernos. Asimismo, las transiciones hacia la democracia eran verdaderamente escasas.

A finales de los setenta, a raíz de la crisis de los regímenes autoritarios en América Latina y el sur de Europa, se generó una gran preocupación por parte de politólogos y sociólogos del continente sobre la posibilidad de que estos países transitaran a la democracia[4].

Lo anterior, aunado al rechazo de Rustow a ciertas precondiciones generalmente asociadas con la democracia, como un alto crecimiento económico—que muchos de aquellos países no cumplían—, ocasionó una mayor relevancia y atención a su teoría[5].

Una vez precisado esto, en las siguientes líneas trataré de exponer las principales ideas de la gran aportación teórica de Rustow.

La pregunta central de su estudio, y a la que busca dar respuesta es: ¿qué condiciones hacen posible a una democracia y qué condiciones la hacen prosperar? A partir de esta interrogante, señala que las condiciones que dan lugar a una u otra pueden ser distintas. A lo largo de su estudio, se interesa, principalmente, en identificar los factores que producen la génesis de una democracia.

Rustow divide su artículo en cinco secciones. En la primera, efectúa un análisis de la literatura existente sobre procesos de democratización, asimismo hace una distinción entre la teoría funcional y la teoría genética. En la segunda, examina algunos de los problemas metodológicos inmersos en el traslado del método de investigación funcional al método de investigación genética. En la tercera, ahonda en los aspectos metodológicos de la investigación genética. En la cuarta, propone un modelo teórico constituido por cuatro fases, las cuales son: i) condiciones de fondo; ii) fase de preparación; iii) fase de decisión, y iv) fase de habituación. Finalmente, expone sus conclusiones.

Para efectos de emprender su análisis, Rustow comienza por aludir a la principal literatura norteamericana relativa a los procesos de democratización. Al respecto, distingue tres tipos de explicaciones.

En primer lugar, la expuesta por Seymour Martin Lipset, Philips Curtright y otros, quienes relacionan la idea de democracia con ciertas precondiciones socioeconómicas, tales como un ingreso per cápita elevado, un alfabetismo extendido, y una población preponderantemente urbana. En particular, Lipset refiere en su libro “Political Man” que los países con los niveles de desarrollo más altos eran democracias estables.

En segundo lugar, la desarrollada por autores como Walter Bagehot o Ernest Barker, quienes vinculan la democracia con una serie de valores, actitudes, y creencias. Más recientemente, Almond Gabriel y Sidney Verba exponen esta idea en su libro “The Civic Culture”.

Finalmente, se encuentran teóricos como Carl J. Friedrich, E.E. Schattschneider, Bernard Crick, Ralf Dahrendorf, y Arend Lijphart, que utilizan como punto de explicación ciertas características sociales y políticas, e insisten en que la existencia del conflicto y la reconciliación son esenciales para la democracia.

A partir de la interrogante planteada sobre las condiciones que hacen posible a una democracia y las que hacen que ésta prospere, Rustow señala que las explicaciones de los autores aludidos se han enfocado en el segundo caso, esto es, la función de la democracia. Para el primero, menciona que es menester atender al estudio de la génesis de la democracia, es decir, cómo se origina ésta en primera instancia.

Este cambio de teoría lleva a Rustow a analizar posibles problemas metodológicos. Así, señala que existe la tentación de pensar que la teoría funcional puede dar respuesta al estudio de la génesis de la democracia. Lo anterior, bajo el argumento de que si determinas condiciones ayudan a preservar una democracia en funcionamiento, seguramente serán mucho más necesarias para hacerla existir.

Para desacreditar este argumento, Rustow alude analógicamente a diferentes tipos de regímenes políticos, un ejemplo es el caso de las dictaduras militares. Precisa que éstas se originan típicamente de la planeación secreta y de revueltas armadas, pero se perpetúan a través de la publicidad masiva y de ciertas alianzas con seguidores civiles. Adicionalmente, refiere a la distinción entre el proceso físico y químico de una reacción, destacando que la energía requerida para iniciar una reacción no siempre es la misma para sostenerla. De esta manera, traslada la carga de la prueba a quienes afirman que las circunstancias que sustentan una democracia también favorecen su nacimiento.

En este orden de ideas, Rustow critica tanto a la teoría de Lipset y Curtright, como a la teoría de Almond y Verba por no resistir “la prueba de la historia”[6].

En el primer caso, en virtud de que, lo que Lipset encontró en función del desarrollo socioeconómico —afirma— toma la forma de correlación y no de causa de la democracia. Por ejemplo, tenemos países con alto nivel de desarrollo y regímenes profundamente autoritarios (como fue el caso de la Alemania nazi, o los países productores de petróleo como Arabia Saudita o Kuwait) y a la vez países con niveles de renta per cápita muy baja pero con sistemas de gobierno democráticos (como fue el caso de India o Suecia a principios del siglo XX).

 En el segundo caso, porque –señala– la investigación realizada no deja claro si actitudes como la “cultura cívica” constituyen o no, una causa o efecto de la democracia. Además, “el surgimiento de las democracias implica una situación de redistribución del poder en la cual, por lo general, los gobernantes no tienen valores democráticos, sino que se ven forzados a aceptar la democracia”[7].

Por otra parte, Rustow señala que, para efectos de aplicar la teoría genérica, es importante atender a explicaciones causales. Para tal objeto, puntualiza que es necesario dejar de suponer que la transición a la democracia es un proceso uniforme a nivel mundial, que implica las mismas clases sociales, los mismos tipos de cuestiones políticas o incluso los mismos métodos de solución. Por el contrario, menciona—citando a Harry Eckstein—que una gran variedad de conflictos sociales y de contenidos políticos pueden combinarse con la democracia.

En este sentido, de acuerdo con Rustow, la democracia no tiene un factor explicativo específico—contrario a la literatura anterior—, más bien, la democracia tiene que ver con un asunto fundamentalmente de procedimiento; esto significa que pueden existir diversos factores que causen el nacimiento de una democracia[8].

Adicionalmente, Rustow observa que la génesis de la democracia no necesita ser geográfica, temporal, ni socialmente uniforme. En el primer caso, porque—como se precisó—puede haber diversos caminos hacia la democracia. En el segundo, toda vez que diversos factores pueden llegar a ser cruciales durante distintas fases. En el tercero, en virtud de que en el mismo lugar y tiempo las actitudes que la promueven pueden ser las mismas para los políticos y para los ciudadanos comunes.

Ahora bien, Rustow propone un modelo teórico para analizar genéticamente las transiciones a la democracia. Previo a su exposición, desarrolla algunos aspectos que considera relevantes para su empleo. En particular, destaca la importancia de: i) basarse en datos diacrónicos; ii) realizar el análisis donde el proceso de transición a la democracia haya sido completo, si bien, reconoce la importancia de la información proveniente de las no democracia, menciona que en la etapa de desarrollo en la que se encuentra la formulación de su teoría, resulta conveniente comenzar a estudiar un fenómeno en donde realmente la democracia haya surgido, y iii) excluir a países cuyo proceso de democratización ha sido impulsado por el exterior, sobre esto, Rustow reconoce que las influencias internacionales siempre están presentes, sin embargo, precisa que una teoría de orígenes democráticos debe dejar de lado, a aquellos países en donde la ocupación militar jugó un papel principal, en donde las instituciones democráticas o las actitudes fueron traídas por los inmigrantes, o en donde de ésta u otras formas la inmigración jugó un papel central.

Tras aplicar estos criterios, decidió concentrar su análisis en Suecia y Turquía, específicamente en la transición a la democracia de Suecia en el periodo comprendido de 1890 a 1920, y el proceso de Turquía desde 1945.

El modelo que Rustow propone está constituido por cuatro fases, a saber: i) condiciones de fondo; ii) fase de preparación; iii) fase de decisión, y iv) fase de habituación.

La primera fase se refiere al cumplimiento de un solo prerrequisito: la unidad nacional. Rustow señala que se trata, simplemente, de que la mayoría de los ciudadanos en una futura democracia estén seguros de que pertenecen a una comunidad política determinada. La relevancia de establecer la unidad nacional como el único prerrequisito para la democracia estriba en que abre la posibilidad de que existan democracias en tiempos pre-modernos, pre-nacionalistas, y a niveles bajos de desarrollo económico. Incluso, Rustow plantea la posibilidad de extender este análisis a los cantones medievales o las antiguas ciudades-estado, como serían las polis griegas.

La segunda fase lo constituye el “proceso dinámico de democratización en sí mismo”, en virtud de que está marcada por una prolongada e inconclusa lucha política. Rustow señala que para darle tales características los protagonistas deben ser representantes de fuerzas arraigadas y las cuestiones deben tener significados profundos para ellas. Por ejemplo, en el caso de Suecia, el período de desarrollo económico generó una lucha entre agricultores de clase media urbana y de clase obrera, en contra de una alianza conservadora de burócratas, grandes terratenientes e industriales. Mientras que en el caso de Turquía se presentaba una lucha entre grandes y medianos agricultores, en contra de los herederos del establishment militar burocrático kemalista.

Rustow puntualiza que esta fase es delicada en virtud de que muchas cosas pueden ocasionar un resultado abortivo. Además, destaca que durante esta etapa la unidad nacional no solo debe preexistir, sino que también continuar, por ejemplo, si la lucha genera una división sobre bases regionales, la secesión, más que la democracia, será el resultado más probable.

La tercera fase corresponde a la decisión deliberada por parte de la élite en el poder, en la que aceptan la existencia de la diversidad en la unidad y, con ese fin, institucionalizan reglas democráticas para resolver el conflicto. Por ejemplo, la adopción del sufragio universal y representación proporcional en Suecia en 1907. No obstante, precisa que esta etapa no es universal, por lo que es menester transmitirlo a la ciudadanía en general, lo que corresponde a la última fase de su modelo.

La cuarta y última fase, es la que se genera con la costumbre. De acuerdo con Rustow, la transición a la democracia requiere de la existencia de ciertas actitudes comunes entre los políticos y los ciudadanos ordinarios. Asimismo, menciona que la democracia otorga una ventaja a aquellos que son capaces de racionalizar su compromiso con ella, y una mayor ventaja para aquellos que sinceramente creen en ella. Por ejemplo, la transformación del Partido Conservador Sueco de 1918 a 1936, o en el caso de Turquía, la forma de actuar de Adnan Menderes.

En suma, en primer lugar, es importante que exista un sentido de unidad nacional. En segundo lugar, debe existir un conflicto arraigado y serio. En tercer lugar, es necesario la adopción consciente de reglas democráticas. Por último, tanto la élite gobernante como el electorado deben estar acostumbrados a estas reglas.

Para finalizar, me gustaría destacar que gracias a la aportación de Rustow en “Transitions to Democracy” se generó la apertura de fuertes debates, y desarrollo de nuevas teorías sobre democratización y consolidaciones democráticas. Si bien, su artículo ha sido criticado en diversos puntos—que no es intención exponer en el presente texto—hoy en día su obra sigue siendo ampliamente consultada por la claridad en su exposición, que contribuye en buena medida—como menciona Lisa Anderson—a comprender y promover las transiciones democráticas.

Anderson, Lisa. “Introduction.” Comparative Politics, vol. 29, no. 3, 1997, pp. 249- 261.  JSTOR, http://www.jstor.org/stable/422120.

Ortega Ortiz, Reynaldo Yunuen. “El Proceso de Democratización en México 1968-2002”. En: Revista UNAM Transición democrática y anomia social en perspectiva comparada, 2004, p. 48.

Rustow, Dankwart A., “Transitions to Democracy: Toward a Dynamic Model”, Comparative Politics, 2, no. 3 (1970), pp. 337-363.

[1] Dankwart A. Rustow estudió Derecho y Lenguas Orientales en la Universidad de Estambul, posteriormente se graduó en la Queens College y recibió un doctorado en ciencia política por la Universidad de Yale. Fue profesor de ciencia política y sociología en el Centro de Graduados del CUNY, Princeton y Columbia. Asimismo, fue profesor visitante en Harvard y otras instituciones. Su principal tema de estudio fue el análisis comparado de la política de Medio Oriente.

[2] Publicado por Comparative Politics. P.h.D. Programs in Political Science, City of New York en 1970.

[3] Anderson, Lisa. “Introduction.” Comparative Politics, vol. 29, no. 3, 1997, pp. 249-261. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/422120.

[4] Loc. Cit.

[5] Loc. Cit.

[6] Ortega Ortiz, Reynaldo Yunuen. “El Proceso de Democratización en México 1968-2002”. En: Revista UNAM Transición democrática y anomia social en perspectiva comparada, 2004, p. 48.

[7] Loc. Cit.

[8] En un análisis estructural en donde la variable dependiente es la democracia, la variable independiente no responde a un factor explicativo en específico.

Armando Neávez Garza es estudiante de séptimo semestre de la FLDM. 

Aviso: En el presente espacio de diálogo y encuentro jurídico, las opiniones expresadas por cada autor son exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, no representando de forma alguna el criterio de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey o de alguno de sus Centros Institucionales.

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