¿Por qué ver ambas caras de la moneda?

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Por Íñigo Villarreal

Desde que somos pequeños, siempre se nos ha enseñado que existen dos lados que llegan a ser opuestos ante los ojos de la mayoría, el bien y el mal, blanco y negro, correcto e incorrecto, etc. Y naturalmente o al menos en su mayoría, se nos ha enseñado a seguir el camino lleno de luz y bondad, ver aquello que es correcto, creer que el héroe es quien tiene la razón mientras que el villano no, pues vivimos en un mundo en el cual existe una delimitación muy fija entre el bien y el mal, creada a través de la historia por distintos medios, ya sea la ley, la moral, la religión, etc., pero ¿eso es apropiado?. Alguna vez escuche que todo villano tiene una motivación para serlo, y hablando con total honestidad, lo que nosotros consideramos un villano, no es un villano para todos o en todos los casos, pues, volvemos a lo mismo, tal vez lo que nosotros creemos, no es lo que otros creen, por eso, muchas veces es necesario no entrar en una postura blanca o negra, sino una gris, y poder ver la un factor muy importante, el bien y el mal no existen en realidad o al menos no de manera natural, lo que conocemos como bien y mal son posturas sociales con las que se nos educa, pero esas posturas que conocemos hoy en día, hace 50 años eran diferentes, y 50 años antes de eso eran diferentes, y se puede ver en los libros de historia en muchos casos diferentes, entre ellos la homosexualidad, los sacrificios humanos, las penas sobre los delitos más tradicionales o incluso la manera de educar a los niños. En el primer ejemplo se puede ver en cómo es vista por la sociedad, pues hay eras en las que la homosexualidad es sumamente natural, y hay otras en las que es vista como una aberración, en el segundo ejemplo lo vemos en como existieron culturas que no solo veían los sacrificios como algo normal, sino como algo de suma importancia, tal y como fueron los mayas, siendo ahora vista como una práctica despreciable, en el tercer ejemplo podemos tomar en cuenta muchos casos, tal y como fue la quema de “brujas” la guillotina francesa, las torturas por sospechas de herejía durante la edad media, etc. Cuando hoy en día, se tiene que mantener un grado de respeto (al menos en la mayoría de los países) a las personas condenadas a un delito, y finalmente en el último ejemplo, siendo la educación a los niños o más bien la manera de educarlos, no es necesario retroceder más de 50 años, volviendo a una época en la que estaba bien castigar a los niños con agresión física incluso en las escuelas, mientras que hoy en día, se puede suponer que ponerle un dedo encima a un niño es algo imperdonable. ¿A que quiero llegar con esto? Que nunca existe una sola postura sobre las cosas, y durante el paso de los tiempos, y los cambios de cultura, esas posturas también se ven alteradas, es por eso que en ocasiones es necesario entender ambas caras de la moneda, pues existe una amplia posibilidad de que muchas de las cosas que hoy en día no entendemos, serán de lo más natural en pocos años, cosas que hoy en día vemos como actos de pura maldad, alguna vez fueron naturales y puede que algún día lo vuelvan a ser (aunque odiemos admitirlo, es realidad, tengamos en cuenta que hubo épocas históricas en las que incluso la pederastia era algo común) y al final del día, nadie es “malvado” simplemente por ser malvado, siempre existe un factor detrás de todo ello, y curiosamente, muchas veces al entender el trasfondo de algo, incluso entendemos el fin que se desea alcanzar, claro, es normal tener opiniones, es parte de nuestras libertades, incluso yo tengo opiniones negativas sobre muchas cosas que alguna vez fueron vistas como positivas, es parte de nuestra esencia, la necesidad de dividir entre “bien” y “mal”, pero tener esa división no implica no entender, muchas veces para crecer, es necesario entender incluso aquello que despreciamos, pues al final del día, no puede existir luz sin oscuridad, y una vez que aprendes a caminar en la oscuridad, la luz se vuelve más algo mucho más bello.


Íñigo Villarreal es estudiante de quinto semestre de la FLDM. 

Aviso: En el presente espacio de diálogo y encuentro jurídico, las opiniones expresadas por cada autor son exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, no representando de forma alguna el criterio de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey o de alguno de sus Centros Institucionales.

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¿Por qué decir lo que pienso?

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Por María Santos Villarreal

Si no yo, ¿quién? Si no es ahora, ¿cuándo?”[1]

Me he topado a lo largo de mi corta vida con muchas personas que evitan en la medida de lo posible externar sus consideraciones u opiniones sobre determinados temas que pueden considerarse controversiales por miedo al “qué dirán”.

La libertad de expresión es un derecho humano que todas las personas tenemos por el hecho de serlo,[2] pero somos pocas las que lo ejercemos para expresar opiniones disidentes.

La gran mayoría de los espacios para expresar opiniones están tasados. Se les da espacio a las personas machistas, homofóbicas, racistas, capacitistas[3], clasistas y a personas en situación de privilegio para hablar sobre temas que afectan a las personas que no tienen dicho privilegio.

Por ello, vamos a toparnos (más de lo que nos gustaría) con personas que se escudan en la libertad de expresión para emitir opiniones discriminatorias y propagar discurso de odio. A esas personas hay que recordarles que la libertad de expresión no es ilimitada (como no lo es ninguna otra libertad).

¿Cuáles son los límites a nuestra libertad de expresión? Los derechos de otras personas.

Así como el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) y el artículo 6 de nuestra Constitución Política Federal (CPEUM) protegen el derecho humano a la libertad de expresión, los artículos 2 y 7 de la DUDH y el artículo 1 de la CPEUM protegen el derecho humano a la no discriminación por razones de orientación sexual, procedencia étnica, color de piel, género, religión, situación económica, situación migratoria, condiciones de discapacidad, etcétera.

Es nuestra tarea abogar por las personas en situación de vulnerabilidad si queremos una sociedad más incluyente. Ésta es la única forma en la que podemos usar nuestros privilegios para el bien.

Dado que los medios de comunicación masiva (tales como televisión, cine, prensa, etcétera), así como los lugares privados (tales como la academia, foros o páneles de discusión, diálogos en los salones de clases, etcétera), por default no dan espacio para expresarse a quienes buscamos contra-atacar al status quo, es indispensable alzar la voz cada vez que experimentemos comentarios que discriminan y agreden a otras personas. Hay que conquistar esos espacios.

Es importante decir lo que pensamos porque es importante alzar la voz por nosotras mismas y, en su caso, por las demás personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad. Al fin y al cabo, no es necesario ser la causa para defenderla.

Es cierto que hay que saber escoger nuestras batallas, pero también es cierto que guardar silencio ante una situación de discriminación también es violencia. “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”, dijo Desmond Tutu.

Es cierto que las personas que señalan cuando alguien está siendo racista o machista, por ejemplo, suelen “caer gordas” e incomodar. Pero si Martin Luther King Jr. o Betty Friedan se hubieran parado a pensar en si incomodaban o si le caían bien a la gente, ahorita Estados Unidos no tendría un presidente negro ni una candidata presidencial mujer.

¿Nacimos para “caerle bien” a la gente que forma parte del status quo? ¿O nacimos para generar un cambio positivo en el mundo?

Toda opinión disidente, y en general todo lo que desafíe al status quo, va a incomodar. Si a una persona le molesta la causa feminista, es porque es machista; si a una persona le molesta la causa #BlackLivesMatter, es porque es racista. Si no lo fuera, no le incomodaría un movimiento que busca igualdad de derechos para todas las personas.

Decir lo que pensamos es una forma de contra-atacar el sistema que continúa oprimiéndonos a las mujeres y a las personas negras, LGBTTTIQAP+, migrantes, con discapacidades y demás personas en situaciones de vulnerabilidad.

Decir lo que pensamos y defender la igualdad de derechos en todos los aspectos y de forma transversal construye una sociedad más incluyente, lo que se traduce en una sociedad más justa.

Si no somos parte de la solución, somos parte del problema. Por eso hay que decir lo que pensamos (y actuar en consecuencia).

Además, “si nos asiste la razón y el derecho”, como dice el Mtro. Óscar Barrera Garza, ¿por qué no decirlo?


María Santos es estudiante de octavo semestre de la FLDM.

Aviso: En el presente espacio de diálogo y encuentro jurídico, las opiniones expresadas por cada autor son exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, no representando de forma alguna el criterio de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey o de alguno de sus Centros Institucionales.

[1] Traducción al español de un dicho popular en inglés del que no se conoce la autoría original. “If not me, who? If not now, when?”

[2] Artículo 19, Declaración Universal de los Derechos Humanos.

[3] Intento de adaptación al español del término en inglés “ableist”.

¿Por qué un operador jurídico debería escribir?

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Por Felipe de J. García

En la vida del ser humano, el uso de la escritura parece ser, casi, una práctica irreflexiva que se da por sentada. El escribir es una forma básica de comunicación, igual de relevante que el uso del habla. Actualmente, es casi imposible encontrar a un operador jurídico que no se vea en la necesidad de utilizar la escritura en su cotidianidad, convirtiéndose esta, a veces inclusive en un vicio a la celeridad de los diferentes procedimientos jurídicos.[1] Lo que en general sí es recurrente en la disciplina jurídica, es el abandono de la escritura con fines de divulgación científica, ya sea en revistas especializadas, libros, blogs, entre otros. Si llegásemos a comparar al número de estudiantes de licenciatura en Derecho en México, y entre estos, al número de postulantes que publican sus ideas en forma escrita posterior a su titulación (además de sus trabajos para optar por grado académico o para alguna asignatura de posgrado), la proporción podría ser alarmante. Para lo anterior, bastaría con realizar una búsqueda de contenido especializado en la disciplina, escrito por autores que radican en el norte del país.

La escritura no es un fin en sí mismo, sino un medio por el cual se reviste a una idea de su forma más tangible. Escribir, para un operador jurídico debería conllevar, para el que lo hace, un riguroso proceso mental de reflexión e introspección, con fines de refutar las estructuras intelectuales, allegándose a diferentes fuentes para contrastar las diferentes posturas entre las que oscila, para así, por último, emitir las conclusiones de su proceso. Percibo que el jurista mexicano posiblemente no aspira a publicar con fines de divulgación científica por un déficit se puede originar desde la formación académica, al omitirse el enseñar a los estudiantes a no escribir sobre un determinado tema sin una debida estructura mental para expresar una idea, cayendo así en una reproducción redundante de ideas e inutilizables descripciones que más bien saturan el campo.

Existe la percepción de que la investigación y la publicación de ideas le atañen exclusivamente a los académicos, inhibiendo el entusiasmo en el operador por escribir sobre sus descubrimientos en la práctica. Si este es invitado a hacerlo, tiende a redundar en ideas prexistentes y a no aportar a la disciplina, por no tener una debida estructura intelectual, esto es: la lectura minuciosa, el constante cuestionamiento con aras de introspección reflexiva, el auto debate y el ordenamiento de ideas para eventualmente concretarlas en forma escrita y publicarlas por algún medio.

Debemos entender que la escritura para un operador jurídico se convierte en un medio trascendente, tangible y fundamental para plasmar sus percepciones, procesos de pensamiento y conclusiones en torno a un tema jurídico, y así generar conocimiento. El jurista debe vincular a la escritura con fines de divulgación científica, con un sentido de responsabilidad con la oferta de ideas que permanecen disponibles para su futuro escrutinio, así como una aportación a la disciplina, desde luego con un uso práctico para el espacio y tiempo en los que se inserta. El operador jurídico debe considerar los beneficios del ejercicio intelectual que conlleva el escribir, así como la posibilidad de participar en el proceso de otros al ser leído. Esto era lo que entendían los vencidos, al observar que, si no plasmaban sus enseñanzas, crónicas, descubrimientos y técnicas, estas serían olvidadas en la historia, sin posibilidad de ser reproducidas por los suyos y admiradas por los contemporáneos.


Felipe de J. García es estudiante de sexto semestre de la FLDM.

Aviso: En el presente espacio de diálogo y encuentro jurídico, las opiniones expresadas por cada autor son exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, no representando de forma alguna el criterio de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey o de alguno de sus Centros Institucionales.

[1] Véase las críticas que derivaron en una crisis de legitimidad del antiguo sistema penal en el que, (entre sus vicios), predominaba la escritura.

¿Por qué un blog de preguntas?

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Por Josafath Salazar

Revivir a través de preguntas se ha convertido en el objeto para este blog. Dentro de los esfuerzos emprendidos para reanimarlo, se ha buscado tener a la interrogación como la esencia de este espacio en el que, sencillamente se busque la abierta y franca exposición de temas con interés general.

Pero…, ¿porqué? ¿Porqué usar esta plataforma de cuestionamientos para un blog estudiantil? No es ya por una mera táctica publicitaria o para darle una firma singular a este medio. No lo fue tampoco un método para hacerlo ver “interesante” u “original”. La idea detrás de este formato está orientada de manera fundamental hacia el impulso de la participación por parte de los miembros de esta comunidad. No únicamente alumnos sino también maestros, ex alumnos y cualquier lector al que le parezca interesante el contenido ofrecido aquí.

Se ha creído que a través del consorcio entre este blog y sus lectores, no sólo se puede crear un medio por el cual se expongan opiniones atrayentes a ellos, pero también un intercambio de ideas en el que la dirección editorial esté fijada por los intereses de sus visitantes.

La ruta más cierta hacia un entorno hastiado dentro de este tipo de espacios es la continua difusión de opiniones recicladas y de posturas invariantes en las que puramente se comparte un solo punto de vista. En respuesta a esta cuestión es que se formula la idea de involucrar al público a través de la emisión continua de preguntas. Ante lo anterior resuenan las palabras expresadas por George Carlin en su último especial: “enséñenles a cuestionar lo que leen, enséñenles a cuestionar todo.”

Aquello no significa, sin embargo, que en todo momento se busca la incontrolable controversia y disputa ideológica. Aunque el debate es indudablemente un objetivo principal, se cree que a través del funcionamiento de inputs y outputs entre lectores y bloggers, también se puede crear un ambiente idóneo para convenir en opiniones.

Lo que no se debe perder de vista es que la decisión para convertir esto en una especie de foro representa una invitación para intervenir de manera abierta. Esto es un exhorto a que se compartan ideas que nunca se han discutido y que de igual forma se esté abierto a la recepción de opiniones distintas.

Cumplido lo anterior, las y los que integran este nuevo blog se podrían hallar plenamente satisfechos en sus esfuerzos ya que aquello no representa ni más ni menos que su finalidad. Con la previa reflexión por el célebre comediante en mente, los invito a formar parte de este blog y la comunidad que representa.


Josafath Salazar es estudiante de cuarto semestre de la FLDM. 

Aviso: En el presente espacio de diálogo y encuentro jurídico, las opiniones expresadas por cada autor son exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, no representando de forma alguna el criterio de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey o de alguno de sus Centros Institucionales.

¿Por qué yo, como operadora jurídica, debo leer?

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Por Bárbara Espinosa Lizcano 

“Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”.

-Heinrich Heine.

Desde pequeños se nos aleccionó sobre la idea de que leer es de suma importancia en la vida pero, a mí, como operadora jurídica, ¿me es de especial importancia?

Sí, tanto para los operadores jurídicos, como para cualquier profesionista, es una realidad que resulta necesario estar en constante actualización pero, una vez más, ¿es imprescindible el hábito de lectura en un operador jurídico?

Comenzando, y hablando en estricto sentido sobre el material de lectura jurídico, ya sea como abogados, “abogados en grado de tentativa”, y demás operadores jurídicos, encontramos que es mucho mayor la necesidad de mantenerse al día con nuestra profesión pues, estaremos todos de acuerdo en que el Derecho, como herramienta imperiosa para el orden, la seguridad y protección de los gobernados, necesita evolucionar día a día para seguirle al paso a algo tan voluble como lo es una sociedad moderna, entonces, una vez reconocido el anterior fenómeno, es más fácil llegar a la conclusión que dado a que poseyendo un objeto de estudio tan cambiante, es sencillo encontrarnos obsoletos en una periodicidad mucho más corta de lo que encontraríamos en otras profesiones.

Ahora, ¿Es únicamente importante leer sobre Derecho? Personalmente, me parece que no, pues, debemos de reconocer que tenemos una obligación para con nuestros clientes, usuarios o demás personas que cuentan con nuestra habilidad y fluidez lingüística, ejercitada cuanto más sea posible, por un buen hábito de lectura varia, para expresar nuestro pensamiento de manera adecuada ya que pendiente de eso se encuentra nuestro objetivo final: dar una adecuada defensa.

Por otro lado, como otro de los muchos beneficios de la lectura libre, encontramos que es indirectamente una ventana a los pensamientos y sentir del mercado lector que para variar, también es parte de nuestra sociedad, y es justamente aquí donde encontramos un punto de conexión también, trastocando la ya comentada perpetua necesidad de estar en completo contacto con la sociedad en la que nos desenvolvemos, tanto jurídica como en manera emocional. Ejemplificando un poco más lo anterior, encuentro que el contacto con la lectura miscelánea también nos ayuda de manera indirecta a tener una conciencia un tanto “poética” al momento de manejar nuestro lenguaje a manera de poder responder preguntas como: ¿Cómo despertar un sentir en particular con tu juez? ¿Qué harás sentir a tu contraparte? ¿Cómo expresaras las emociones de tu defendido?

En algún momento, concurrí en lectura con algún estudioso que orgullosamente llamó al derecho “El Imperio de las Letras “. En lo personal, yo no lo veo ni imperio, ni tan letrado en todos los casos, pero seguramente concuerdo con que la literatura es la más viva expresión de la civilización y es por lo anterior que considero que la lectura si es un hábito imprescindible en la rutina de un buen operador jurídico.


Bárbara Espinosa Lizcano es estudiante de sexto semestre de la FLDM. 

Aviso: En el presente espacio de diálogo y encuentro jurídico, las opiniones expresadas por cada autor son exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, no representando de forma alguna el criterio de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey o de alguno de sus Centros Institucionales.